ARTICULOS - ALGO DE NARRATIVA CON EDISON PAUCAR-





Edison Paucar (Quito, 1988).

Estudió Comunicación Social. Se ha desempeñado como docente y periodista. Ha participado en festivales y encuentros literarios. En 2010 ganó el concurso El Retorno de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Consta en la antología: "Los engendros de la luna". Publicó el libro de cuentos: "Malas compañías y otros caballos de Troya" (Paracaídas Editores. Lima 2012)



El abrigo de Papá

Cuando se pierde un hijo,
se pierde también la condición de padre.
Santiago Vizcaíno


«Mamita la bendición», «la bendición mijito». «Papito la bendición», «la bendición mijo». Estas eran las palabras que generalmente re­sonaban en la casa ubicada por La México, donde vivía con papi y mami.
Pero las cosas cambiaron. Mami inespe­radamente se fue de casa cuando yo aún tenía trece años. Papi dijo que ella salía de vacacio­nes, que regresaría pronto. «Pero papi, mami lleva mucho equipaje. Y además llora, ¿por qué, ah? Papi, tú estás todo pálido, mirándola con tus ojos rojizos. ¿Qué pasa, papá?».
Mami nunca regresó.
En el colegio traté de hacer mi mejor es­fuerzo, pero las calamidades ocurrían día tras día: peleas en el recreo, deberes no presenta­dos, uniforme incorrecto, falta de higiene, malas calificaciones, pocas o casi nulas amis­tades, etcétera. Mis compañeros decían: «ahí viene el piojoso», «el saco de polvo». Tomé la determinación de no regresar más al colegio. Comenté lo sucedido con papá, y este aprobó mi opinión. Él ya no tenía noción de lo que sucedía a su alrededor. Con la mirada encen­dida, pasaba horas, días, sentado bebiendo de su botella de “Trópico Seco”, viendo por la ventana de la sala la única figura posible: la empedrada pared del callejón.
Ni bien cumplí catorce años busqué tra­bajo en la carnicería de Don Jimmy: gordo y con olor a pescado pese a que vendía carne de res; sus axilas tenían un animal marino nadan­do entre los vellos quebradizos. El trabajo en sí no resultaba del todo malo. Hambre no pa­saba, podía sacar tajadas y freírles en el cuartu­cho trasero de la tienda. Por la noche llevaba algo de comida a casa y se la daba a papá con arrocito. Compraba una cola de 80 centavos para la digestión, pero él sacaba su frasco de licor, y con ello pasaba su sed.
Por las mañanas era divertido estar en la tienda, las señoras venían con ropa ligera a comprar su carne para el almuerzo, para la merienda. Entraban a manera de desfile de modas, unas con los churos hechos, otras mal maquilladas. Lucía, la vecina de la esquina, siempre entraba con unas gafas negras gran­dísimas, se las sacaba frente al congelador y decía: «dos libras de esta», señalando la carne que más le encantaba. Yo iba, le entregaba lo pedido y cobraba, regresando a mirar disimu­ladamente el ojo hinchado que siempre lleva­ba. Ella cogía su compra, se ponía las gafas y se marchaba.
Así pasaba el día, vendiendo carne, cor­tando carne. Por las tarde llegaba la camioneta con la mercancía. Don Jimmy me hacía gestos que indicaban que era hora del esfuerzo físico. Iba a cargar las carnes recién llegadas, luego a ponerlas atrás, en el refrigerador, para de ahí cortarle una a una las tajadas. ¿Ahí fue que mi aspecto cambió? No lo sé con exactitud pues poco me importaba mi apariencia física, aun­que ahora caigo en cuenta, mientras escribo esta historia, que mis manos están callosas, duras, y se me hace difícil manejar el esfero. ¿Me disculpará, estimado lector, esta caligrafía chueca como las ramas de los árboles escondi­dos de El Ejido?
Cortaba las carnes con una destreza úni­ca. Don Jimmy me decía que tenía un don especial para colocar el arma en el sitio correc­to. Ahora creo que no se equivocó. Si pudiera verlo ahora le diría: «¡caramba, Don Jimmy, qué profético se ha vuelto!»
Un día, si mal no recuerdo, estaba tras la caja mirando a la calle. De pronto entró Lucía. Venía apurada, un poco más desarreglada de lo normal. «¡Ayúdame, Pipo, escóndeme, ¿sí? Por favor, te lo ruego!» Yo, medio confundi­do, extendí el dedo señalando el refrigerador. Corrió deprisa. Miré la hora: 6:45 pm. Lucía siempre viene por las mañanas. Lucía no traía gafas. Lucía tiene ojos hermosos, cero moretones. Lucía es muy simpática, su esposo es afortunado. Las calles de a poco van quedando con gente si­milar a mí y a Lucía. Se siente frío, será mejor cerrar la tienda. . «La carnicería está cerrada», dije a Lucía; «si desea carne para el desayuno, mañana habrá atención normal. Don Jimmy está haciendo descuentos: si compras cinco li­bras de carne, te obsequia media libra más». Ella me miró algo extrañada, se acercó a mí y se puso a llorar: «tengo hambre», susurró en mi oído. Afuera los perros callejeros ladraban a las sombras de los borrachos.
«Lucía, vamos a mi casa», dije mientras caminábamos, «ahí te prepararé algo de co­mer, carne con arroz. Es un manjar exquisi­to. Papá siempre lo prueba y puesto que hasta ahora no se ha quejado, supongo que le en­canta. Vamos, te fascinará. Ahí tengo también algo de dinero, te daré para que regreses en taxi». Asintió con la cabeza, se cobijó en mi brazo y fuimos a mi casa. Una vez ahí, freí car­ne; Lucía animosa, preparó el arroz. Cuando todo estuvo listo, fui a buscar a Papá, pero no quiso comer, o así lo entendí yo por los gestos que hizo con su mano. Me excusé con Lucía por su falta aduciendo que probablemente ya había cenado y que ahora necesitaba descan­sar frente a la ventana de la casa, que es donde más a gusto se siente. Ella no preguntó nada más.
Lucía comía y me miraba, yo sólo comía. Cuando tenía la boca vacía le comentaba so­bre las distintas carnes que había cortado, de lo diferente que huele una carne congelada, de la simpleza con que se secciona una carne fina, que esa era la mejor carne que uno nece­sita para hacer el trabajo de carnicero, que esa carne era la envidia de todas las carnicerías, y que algún día se la haría probar a ella. «Lu­cía, esa carne algún día te la venderé. O no, te invitaré como hoy a casa a probarla, te gus­tará, lo juro». Ella comía, miraba y bosteza­ba. Luego yo agregaba más datos de la carne, por ejemplo sus derivados: mortadela, jamón, carne roja, carne blanca, carne de ternera, carne de buey, carne de avestruz, carne de…
Finalizada la cena, Lucía decidió ir a la­var los platos conmigo. Se acercó y dijo me­dio riéndose « nada de taxis, ni carnes, ¡quiero quedarme contigo!». Al comienzo fue extraño, no lo entendí. Le dije que no se preocupará, que el dinero no era problema. Luego repi­tió su frase dulcemente y me apretó la cintura contra el lavabo. Le dije que si prefería yo dor­miría en el sillón, que ponía a su disposición mi cama; que debajo de ella tenía un álbum de fotos de… Me besó, me sentí un poco ex­traño puesto que los acercamientos con otros cuerpos en los últimos años habían sido sólo con carnes muertas, frías. Esto era nuevo, raro, pero acogedor. Nos zambullimos en la cocina, cuerpos vivos regocijando su placer en el crujir de la baldosa. Todos somos uno, y en las tinieblas, la sombra que observa y se aleja bebiendo. Luego susurros y gemidos.
Con los ojos cerrados, el joven carnicero dejaba la niñez y fantaseando de rato en rato, los abría para mirar los pechos duros de Lucía, su cuello delirante, y atrás, en la sombra de la puerta nuevamente una silueta, una sombra que cargaba una botella y observaba para luego mar­charse.
Desperté en la cocina con la boca llena de saliva. Eran cuarto para las ocho. Tenía poquí­simo tiempo para salir al trabajo. Lucía ya se había marchado. Me vestí y antes de salir es­pié la sala. Papá seguía ahí sentado, dormido. Pero ahora llevaba dos botellas en sus piernas, era diferente, siempre lleva solo una, «una por una», así decía.
La rutina fue la misma, los mismos clien­tes, la misma calle. Poco antes de cerrar la carnicería, Don Jimmy llegó al local. «Ey, muchacho, ven, bebe conmigo, soy tu jefe. Si te rehúsas quedas despedido». Acepté. Él senta­do frente a mí hablaba de todo lo que perdió, yo hacía lo posible por no caerme de costa­do. Caminé fuera de la carnicería, sin rumbo. Don Jimmy se había quedado tumbado den­tro del local, extenuado de la vida. Vagué por las calles sin tener a dónde ir. Deambulé por callejones con olor a carne en mal estado. Me perdí en veredas de carne de ternera, acampé en esquinas olor a mortadela. Sucumbí por tú­neles llenos de pernil. Hasta que llegué a casa.
—¿Estás ebrio, Pipo?
—Sí papi, estoy ebrio.
—Ya no soy tu padre —hubo unos mi­nutos de silencio, luego agregó —sabes, me gustó lo que hiciste con esa chica que trajiste ayer.
—Lucía... ¡Me estabas espiando!
—Eres bueno, un «encanto» sería la pala­bra correcta.
Bebimos de la botella que traía una y otra vez. Él se acercaba, sonreía, coqueteaba. Cóm­plice, la oscuridad acogía dos cuerpos destina­dos a hundirse en la penumbra. Ahora era el toque selectivo, ahora sonaba en mi cabeza lo que una vez Don Jimmy me dijo en la carni­cería: tienes el arma para colocarla en el sitio correcto. Y el cuerpo a mis espaldas asentía, al igual que Lucía, gimiendo. Yo no era nadie, solo el simple carnicero que conoció la dicha de tener en sus manos todo tipo de carnes muertas.
Al día siguiente me puse el abrigo de quien dijo ya no ser mi padre, y con las ma­nos aún cálidas, desaté el cuerpo que colgaba en medio de la sala.

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ARTICULOS -SEGUNDO FESTIVAL LATINOAMERICANO DE POESÍA "SUMPA VIVE"-





JUEVES 16 DE AGOSTO

09H00 (COLISEO FRANK VARGAS PAZZOS)
Inauguración del II Festival “SumpaVive 2012”

PRIMERA LECTURA:
- Jorge Dávila Vázquez
- Jorge Valbuena
- Ana Minga
- Pablo Salazar Calderón
- Claudio Archubi
- Yuliana Marcillo

SEGUNDA LECTURA:
- Marcelo Villa Navarrete
- Andrés Lalé
- Edison Navarro
- Juan Secaira
- Aldo Novelli

POESÍA VISUAL:
Presentación de Manofalsa / Carlos Estela
Rocío Fuentes – Miguel Coletti
15H30 (MUSEO AMANTES DE SUMPA)

Presentación de la revista EGO-ísmo
Armando Alzamora – Edwin Angulo

TERCERA LECTURA:
- Andrés Villalba
- Freddy Ayala Plazarte
- Aldo Novelli
- Edgar Saavedra
- Claudio Archubi
- Jorge Valbuena

CUARTA LECTURA:
- Roy Sigüenza
- Carlos Luis Ortiz
- Juan Podestá
- Cristian Avecillas
- Jorge Dávila V.

20H00 (AUDITORIUM CIUDAD LA LIBERTAD)

PRESENTACIÓN DEL POEMARIO: “400 CUERPOS”, de Roy Sigüenza

QUINTA LECTURA:
- Santiago Vizcaíno
- Martín Zúñiga
- Javier Lara Santos
- Luis Carlos Mussó
- Fernando Escobar Páez
- Albert Estrella
- Andrés Villalba
VIERNES 17 DE AGOSTO

08H30 (CENTRO PARROQUIAL CHANDUY)

SEXTA LECTURA:
- Carlos Bernal
- Edison Navarro
- Freddy Ayala Plazarte
- Cristian Avecillas
- Pablo Salazar Calderón
- Santiago Vizcaíno

SÉPTIMA LECTURA:
- Rocío Fuentes
- Miguel Coletti
- Carlos Estela
- Reinaldo Cruz

OCTAVA LECTURA:
- Reinaldo Cruz
- Agustín Guambo
- Ana Minga
- Juan Podestá
- Juan Secaira
- Andrés Lalé
15H00 (SANTA ELENA)

Presentación del Libro: “Trilogía de la Carne” de Alexis Cuzme
“Mi patria es el infierno” de Calih Rodríguez

17H30 (BAR RAPA NUI – MALECÓN DE SALINAS)

NOVENA LECTURA:
- Calih Rodríguez
- Alexis Cuzme
- Marcelo Villa Navarrete
- Fernando Escobar
- Yuliana Marcillo
- Albert Estrella
- Agustín Guambo
20H30 (PLAYA DE SALINAS)
NOCHE SUMPEÑA
SÁBADO 18 DE AGOSTO

08H30 (RUTA DEL SOL)

CARAVANA POÉTICA – RUTA DEL SOL
13H00

ALMUERZO DE CLAUSURA – PLENARIA

ARTICULOS - MARCELO VILLA NAVARRETE -




Marcelo Villa Navarrete. Quito, 1981. Poeta. Autor de las obras: Brújula de polvo (2006, Machete Rabioso Editores) y Persistencia del árbol (2010).
(Fin)


EL CISNE Y EL RINOCERONTE

Apenas te digo que podrías caber en una sola de mis manos, y una horda de gigantes se levanta y busca refugio en los cipreses. Ninguno tiene rostro. Los llamas y se evaporan.

Será porque has visto al paisaje reverdecer, elevarse y desgranarse; será porque ríes como un cuchillo en el agua y lees los intersticios de las piedras; será porque también abrigo un cadáver que perfuma las auroras y abofetea los ocasos. Porque has prometido una tumba al pie de tu puerta. No has llamado, pero aguardo el campanilleo.

Tu cuerpo se acerca como una guillotina. No ansío tus viñedos, ni la arena de tu boca. Busco igualmente una voz con el calor de los sepulcros.

Suelo pensar que pudiste haber muerto. Fue la llama y el hielo sobre los párpados, y silencios desgajados en las sábanas. Sembré tan solo la helada de mis días sobre tu nombre. Amar el surco y la tangente, como al estertor y al vagido. Te habita una carroza llena de manzanas, y son más luminosas cuando tu desnudez huye calle arriba.

La patria, es decir tú, sucede afuera. Está muy lejos de esta puerta con veneno en las cerraduras. Adentro hay un surco palpitante de agua turbia y bebo enmascarado. Entonces la miseria ya no importa, el mundo vuelve a ser doble o infinitesimal; me tambaleo y dejo caer tus fotografías. Las termino pisoteando.

Un cuerno te nació la víspera, me dices, un cuerno que atraviesa constelaciones. En el último golpe de dados comprendo que todo fue al revés: yo era el cisne y tú el rinoceronte.

Solo el olvido se ensancha, alguien llegará a ser loto, roble o diente de león. La primavera será una lengua muerta. Acá la niebla, el ladrido del sur, tus bambalinas arrojadas al otro extremo del mundo y que he recuperado.


Marcelo Villa Navarrete.

Una lectura de: POPEYE¨s Sea ´por SERGIO ROMAN ARMENDARIZ

Agustín Guambo, Novísimo Poeta Ekuatorial

Agustín Guambo (Kito, 1985. Activista del Kolectivo ‘Murcielagario’) / POPEYE’s SEA. Kito, Grupo Editorial RAS (Lima-Perú). 13 Kantos en 19 págs.
(Prólogo de Francisko León).

 a: Cristina, Natalia y Zulema / ‘Murcielagario’

Novísimo, ¿por qué?

Publicación sobria que contrasta con una imaginación espléndida, este ‘Mar de Popeye’ nos descubre, con personajes del mito contemporáneo (el cómic), las huellas del mito clásico (la saga).

La palabra clave se revela en el segundo verso del canto final, el XIII (cifra cabalística): ‘katábasis’, el descender de Orfeo a Eurídice luna que cae y su antípoda, esto es, su ascender, su sol trepador, su ‘anábasis’, Olivia transmutándose en marijuana espuma que llega hasta su navegante amado y lo besa antes de retornar. 

Este seductor recurso constituye el primer rasgo del calificativo ‘novísimo’, no por la edad del culpable del texto ni por el año de su publicación, sino por la eclosión de una estilística capaz de parir otra versión de la realidad, no la tridimensional, sino la cuántica, la que en literatura corresponde al aleph evanescente.

La otra cara del calificativo está constituida por la multiplicidad de enfoques, a la manera de un filme vanguardista, la cámara asalta -a quien se acerque-  desde ángulos imposibles pues la universal historia de amantes que en un instante huyen del encuentro al adiós y de éste a la cópula y otra vez al exilio, es contada por el océano, por él y por ella, y por el dictador omnisciente a la manera de caracoles que devuelven, desde sus oquedades, las resonancias de la misma frase: ¿‘te amaré siempre’?

La multiplicidad de enfoques y la resurrección de la antigua leyenda en el oro de la leyenda nueva, y la potencia expresiva de la síntesis, sostienen el calificativo del título: ‘novísimo’.
Ahora, la lectura se va apagando en la textura que transmiten las dos tapas sepias del poemario mientras en el recuerdo, franciska y agustín huyen del adiós, al encuentro.   



Sergio Román Armendáriz*,
CR, 30 de abril, 2012
www.sergioroman.com
Bitácora 193 / Literatura


* Formó parte del Club 7 de poesía, en cuya antología figura su nombre (1954). En el 2008 fue nombrado Profesor Emérito de la Escuela de Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Costa Rica.

MAS INFORMACIÓN:

 

FERNANDO ARTIEDA... la voz del polvo de una ciudad que mataba la noche a murcielagazo limpio

FERNANDO ARTIEDA
(1945-2010)


"Creo que la muerte se ha metido conmigo, pero le va a costar caro su osadía. Yo soy un guerrero y le voy a dar batalla hasta el final, sin importarme los riesgos".




Ejercio el periodismo por 45 años en diversos medios; ha publicado diez libros entre narrativa, ensayo y poesía.

Pero es principalmente un poeta, un juglar: ha dado recitales con acompañamiento musical ante miles de personas. Su laureado poema “Pueblo, fantasma y clave de Jota Jota” alcanzó hondos niveles de percepción popular.

En Artieda la palabra es la metafora del sueño del pueblo, sus poemas son las caderas de la negra mientras lava o las lagrimas de un borracho traicionado.


HA VUELTO EL QUE COMPRABA…

Ha vuelto el que compraba las flores
 el anacrónico de mierda
 que mataba la noche a murcielagazo limpio.
Ha vuelto el niño de san antonio
 el que grita
 el ronco de oro que baila su gozadera sin bailar.
Ha vuelto el hereje
 el asesino puro
 el que inmoló a sus hijos en nombre del amor
 y se bebió su sangre
 y machacó sus huesos en medio de la fiesta
 para resucitarlos.
Ha vuelto el buen marido
 con el rabo entre las piernas
 después del funeral de tanto símbolo deshecho.
Ha vuelto el que desflecaba y defecaba
 el san arrecho crónico
 el “infante difunto”
 el “monógamo sucesivo”
 el prontuariado libre de tanta jodedancia.
Ha vuelto a lomo de su sombra
 después de la última feria de pecados
 para curarse el asma de tantos desahogos
 para volver a andar.
Ha vuelto el malabarista
 el prestidigitador
 el encantador de serpientes
 el billarista a tres bandas
 el inocuo
 el inicuo
 el cantor.
Ha vuelto el chuchacoso de tantas borracheras
 el que enciende las luces del misterio
 el manso
 el tapiñado
 el que jodió y jodió hasta que le sacaron la puta
 y lo dejaron cojo
 y lo dejaron vivo
 solo porque estaba envuelto en papel celofán.
Ha vuelto el jardinero para regar las plantas
 que casi se le mueren de abandono y silencio.
Ha vuelto como agua de manzanilla
 navegando con bandera de cojudo
 en el único mar que conoce
 quizás porque no haya más
 porque no hay sal que por mal no venga.
Ha vuelto el viejo mal genio
 el boca sucia
 el de los sueños cruciales
 y los insomnios siniestros.
El que maldice y reza
 el que predica y salta
 el que come callado sus piedritas
 y se fuma un maduro con queso
 para aplazar los látigos del pasado.
El que toma y daca
 el está bien que se me cuelguen
 pero no se me hamaqueen.
Ha vuelto el cangrejo de todo hueco
 el escorpión que se clava la ponzoña en la cabeza
 el que le ruega a la vida
 una caridad de culo que no se le niega a nadie.
Ha vuelto el poeta del carajo epicúreo
 y la diarrea voladora
 el de las ollas encantadas y del palo encebado
 el cazador de fantasmas
 el perseguidor
 el caretuco
 el tucoechancho
 el ángel de la guarda
 el que se caga en la tapa del piano
 el pastor de sueños
 el juglar de blasfemias
 el panadero de hostias
 el que cuida las puertas de la antesala del infierno
 este pobre hijueputa que soy yo.

QUIZÁS MAÑANA TE SIRVA…..

Quizás mañana te sirva
 para algo más que un recuerdo.
 Lloverás sobre caminos
 y mi fantasma tatuará tu sombra
 al pie de los rosales.


Frente al mar
 -ante una copa de vino-
 volveremos.
 Desde el polvo de los libros
contemplando la luz de nuestros hijos
 escuchando las antiguas baladas de la guerra
 y ese salto de la pausa al vacío
 detrás del cigarrillo y su humo tenaz.


Y vuelvo a verte hermosa
 -metáfora antigua iluminada-
 mientras cae el poema como un beso certero
 o la mirada
 a la hora de la nostalgia y el arroz.
Y sigo
porque “un son dedicado a ti
 es fácil de componer”
 para rumbear contigo
 la terca morisqueta de la muerte.





http://www.expreso.ec/ediciones/2009/01/...
http://www.diccionariobiograficoecuador....
http://www.youtube.com/watch?v=ZUlrhoFa8yY

POPEYE's Sea/Agustín Guambo

ACERCA DE POPEYE's Sea...
El nuevo libro de Agustín Guambo (Kitu-1985), editado en Lima-Perú este año bajo el sello R.A.S  con prólogo de Francisco León; la carátula es un dibujo de Marcos Palacios. El tema es eterno: la mujer. Sea Eurídice, Olivia, Franciska, todas o ninguna...
 
PROLOGO.-
Un marinero frente al mar, es sin duda el cuadro más acabado del hombre que está solo y espera. Varón que añora con los ojos perdidos en la inmensidad oceánica el arribo de su amada encallada en la otra orilla, siempre la contraria en la que él se encuentra anclado, como si se tratase de una idealización de la hembra perfecta, inalcanzable. Mediante un recurso de oleajes las palabras acercan y alejan a los personajes de Popeye y Olivia como en juegos de altas y bajas mareas. Se llaman mutuamente, se repelen, parecen olvidarse y el amor que se prodigan por momentos intenta desvanecerse como si se apoderase de ellos una sensación de arraigo y desarraigo. En vaivenes constantes surgen protagónicos: la muerte y el olvido, la sonrisa y los besos. El largo poema desembarca, entre líneas, en algunos paisajes ajenos al contexto marino, para deambular en ciudades cargadas de elementos mundanos: ojeras, pipas, esquinas, yerba… Esas imágenes terminan finalmente de lograr el cuadro acabado de la mujer amada con descripciones minuciosamente delineadas. Como un último deseo de recordar su rostro antes de enunciar su despedida más cruda y terminante en sus terminales versos. 
 
Francisco León
Lima-Perú 

NUEVO LIBRO DE POESIA ECUATORIANA...


¡Y quién dijo silencio!
(Recopilado por Cristian López Talavera)




ESTE NUEVO LIBRO QUE HA SIDO EDITADO  POR EL SELLO R.A.S. (RED ARTÍSTICA SALAMANCA/LIMA-PERÚ) RECOPILA TEXTOS DE JOVENES POETAS DEL ECUADOR.

NO PRETENDE SER UNA MIRADA ANTOLÓGICA DEL PAÍS NI MENOS ACERCARSE AL CANON DE GENERACIÓN, MAS ES UN PONER SOBRE EL TAPETE NUEVAS VOCES, NUEVAS SOMBRAS SOBRE ESTE TERRENO INNAGOTABLE QUE ES LA POESÍA.

PARA SU RECOPILADOR CRISTIAN LÓPEZ TALAVERA ¡Y quién dijo Silencio! es una propuesta neovanguardista. Varios de los poetas trabajan la metáfora, como una herramienta estética, cargada de sensualismo y simbología. Todo esto en un país donde la poesía ha estado en un frasco cerrado, donde las innovaciones artísticas han sido desechadas por un grupo “selecto de amigologos” que dirigen la poética ecuatoriana.

Los nombres son varios: Carmen Jaramillo, Ives Cadena, José Acevedo, Sonia Cruz, Ximena Flores, Marcelo Recalde, Deysi Vela, Edison Navarro, María Fernanda Vinueza, María Belén Obregón, Agustín Guambo, Cristian López, Santiago Quelal, Galo Toapanta, David Acosta, Pablo Flores. Poetas que varían en edad, pero en conjunción sus problemas son similares: el sexo, la muerte, el silencio, la creación, el yo poético y comprometido. Reflexiones que han ido tomando eco en poetas jóvenes.
Esta conjunción de temáticas se han asimilado con poetas talleristas del poeta Augusto Rodríguez: Beatriz Viteri, Xavier Hidalgo, Luis Alberto Bravo, Andrés López, Dina Bellrham, Laura Nieves, Lis Quezada, Adolfo Santiestevan, Lucero Llanos, y Geovanni Bayas, quienes forman parte del taller El Quirofano y han ingresado con solidez y buena poética en varios festivales poéticos del país. A estos nombres sumo tres, a quienes encontré en bares, por medio de internet o en las aulas universitarias: Marco Manotoa, Fernando Tituaña y Danciso Toro.
QUE ESTA PASANDO EN LA POESIA DEL ECUADOR, QUIZÁ UNA SUERTE DE  AMIGUISMO Y CONFORMISMO QUE SE AHOGA EN UN SILENCIO CENTRADO EN GRUPILLOS DE AÑIÑADITOS QUE JUEGAN A SER "enfant terrible o femme fatale"(?) Y DONDE  ALABAR Y TÚ ME ALABAS PARAFRASEANDO UN POEMA DE ITÚRBURU ES LA CONJUGACION VERBAL PREFERIDA DE LOS MISMOS... O SIMPLEMENTE YA ES HORA DE DECIR !Y QUIEN DIJO SILENCIO!